lunes, 14 de marzo de 2011

Volaremos (cuento)


Se acuesta, se vuelve a levantar. Otra vez la melodía que cae y se transforma en sangre, se vuelve a levantar. Mira el cielo, busca algo conocido, no hay cielo. Camina, se sienta; piensa en lo ocurrido, piensa en todo (en nada), no entiende. ¿Sabes acaso de qué color son aquellas montañas? ¿Cómo lo sabes si jamás las has visto? ¿Por qué entonces imaginas colores de tonos inexistentes? Debes retomar tu camino; la voz era demasiado conocida.
Ya no resiste, sale afuera, debe volar; el sendero rebosa de espinas y está descalzo. Busca otra manera, aquí está, es ficticia. Viene y va, pero ya no piensa, simula pensar. Ahora toma el timón, la tormenta es feroz pero tiene un gran presentimiento; una ola avasalladora, nada lo detiene. Ahora cae de espaldas al mar; el agua está helada pero tiene un gran presentimiento. Ya no hay tiempo para vivir, toma la lanza y el escudo, allí va, nada lo detiene. Los caballos se estrellan, los jinetes caen, no hay sangre (esto le quita fuerzas); pero no vacila, carga su escopeta y defiende su batallón. Dispara varias veces estorbando los gritos de horror, se sube a su avión, no puede volar, se acuesta. ¿Por qué molestas a tu aprendizaje? ¿Por qué luchas con tu experiencia? ¿Eres digno de tu conciencia? La voz se vuelve melodía, las notas lastiman. Puede notar la sangre.
Ahora entiende, se asoma por la ventana pero nada logra ver. Está demasiado oscuro, enciende una vela; la ventana es un espejo, su rostro no es el mismo; la luz se apaga, la vela no.

Sigue discutiendo (pero ahora no está solo), ¿Por qué el alma busca el alma? ¿Por qué entiendes quien eres cuando dejas de serlo? ¿Cerraste allí los ojos por única vez o fue el momento en que lograste ver? Suplica cambiar, él nunca ha sido él, solo fue el resto de todas las miradas. Comienza a saltar, empuja las paredes; el sueño no le alcanza, se levanta. Está cansado, piensa de nuevo, detiene su mente; el viento sopla, produce melodía, y ahora baila como nunca. Las notas son caricias, la música es su amor (es más que eso), se deja llevar; no siente el suelo, no ve, no escucha. Puede volar, puede salir, ya no necesita permanecer allí; la voz le grita, trata de detenerlo, demasiado tarde, no me escucha. ¿Acaso puedes imaginar la realidad? ¿Acaso debes hacerlo? ¿Será la simpleza en la felicidad el mayor obstáculo?

De nada sirven mis consejos, pronto me llevará a conocer la vida. Ya no existen blancas paredes, no vive amarrado, no existen puertas de hierro; ahora vuela por siempre. Se vuelve a acostar.


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