martes, 15 de marzo de 2011

Innuendo (subtitulada)

77 (cuento)


Ya dejó de gritar; agradezco eso, sus gritos llegaban a dolerme. Ahora lo puedo ver resignado, obediente, quietísimo; ya no revolea las piernas, acepta el castigo con serenidad.
Puedo notar la sangre en la pared, la pared despintada, el techo desbordado de telarañas. La casa da asco, al igual que el cuerpo de este inocente personaje; aunque no sé hasta qué punto será inocente, por algo lo castigan de tal manera.

El señor sigue, palazo tras palazo, y el cuerpo del culpable se abolla; sin embargo el señor le pega sin piedad, al parecer no se intimida ante el sufrimiento, al parecer está muy bien merecido tal azote. El cuerpo se vuelve morado y se confunde con el piso rojo y marrón, la ventana presenta un hermoso día, hermoso para aquellos que no transgredieron las reglas como este pobre muchacho. El sol alumbra la escena y le da un bello brillo a la sangre, por lo menos esto es apreciable; ya que tanto no puedo apreciar; como una hormiga en la montaña, así me siento.
Tres muchachos más puedo distinguir, sus ropas son harapos, sus pieles y sus barbas desprolijas denotan suciedad. Visten como aquel pobre muchacho, pero estos permanecen sentados; lloran (llorisquean), puedo escuchar sus lamentos, pero no percibo lagrimas. Sus manos permanecen escondidas tras sus delicados cuerpos; algo terrible los habrá condenado a tal furiosa condena, algo que no puede ser dicho ni comentado.

El señor se detiene; está encendiendo un cigarro. Ahora vuelve con la golpiza, no tiene fin este castigo, no lo tendrá. Algo me dice que no todo es correcto, podrá ser un acto congelado en la pupila de la historia, un dolor que provocará el desangre de su latente inocencia.
Ahora el señor me mira, no me mira, mira la pava hirviendo; ¿Quién soy yo para permanecer absuelto de tal martirio? ¿Acaso soy el causante de este mal? No lo creo, no siento rastros de culpabilidad.

Puedo verme en harapos, puedo notar la venda sobre mis ojos, puedo ver la impunidad arrancando los cabellos del tiempo, puedo ver la misma sangre en la pared recorrer la plaza, puedo ver los pañuelos como símbolo de aquellas almas arrebatadas, puedo ver a mi madre.
El señor pasa a mi lado sin prestarme atención, los chicos siguen llorando, los chicos seguirán llorando; ahora entiendo que sucede, ahora sé quién es ese pobre muchacho, ahora comprendo aquello que fui.

My plague (subtitulada)

Verdugo del sentir (poema)


Aventurado en el deseo.
Encuentra de una vez el tesoro
que hace tiempo escondiste,
y libra de engaño al amor.

Retuerce aquella inocente razón,
que infeliz domina en los tontos,
que entorpece la divina pasión.
Más nunca hieras al respeto,
despoja de sus armas al dolor.

Siempre la moneda tendrá dos caras.
Tú deberás notarlo, será tu deber;
ver la mirada tras el velo,
buscar la flor entre la maleza de tu historia
Y comprender sus espinas.

Buscar la fisura en la silueta,
la razón de la sonrisa, la piel de la palabra;
la duda de una verdad fuerte y penumbra,
de una mentira ingenua y desnuda...
No olvides que solo duele lo cierto.


My fairy king (subtitulada)

Detalle de noche (cuento)


Sus dedos trepan por las tibias piernas, rozan las dunas de la pollera conectándose con la seda violácea casi tan suave como era su piel. El dedo índice se detiene en la cintura desnuda, separando la blusa rojiza apenas perceptible en la penumbra del pequeño cuarto, carente de muebles ajenos al universo del deseo. La mano se funde en su cuerpo, ahí va la otra; sostiene su cintura como se sostiene a un dios, rasga su ropa interior asomada tímidamente bajo la pollera, cada vez más pequeña e impaciente por conocer el cómodo suelo de parqués. Recorre el borde en la cintura, degusta la ansiedad, convierte la sensibilidad en placer, la impaciencia en goce, acariciando el dolor. Las manos toman la prenda, amenaza con quitarla del camino, se detiene; toma sus pies desde la punta, sube lentamente ambas manos, recorre los tobillos sin dejar espacio libre de tacto; llegando a sus rodillas separa de a poco sus piernas, disminuyendo aun más la figura irreconocible de la pollera. Las manos caminan el interior de sus piernas, avanzan desapareciendo bajo la seda, los dedos chocan entre sí; no tocan, rozan, se pierden, juegan.

Volvió a tener amor como en aquellas épocas.

Ahora ella exhausta en la cama, entre dormida; él camina hacia el mueble. El primer no, el segundo tampoco, el tercer cajón; busca con toda la mano, corre cartas y frascos hasta sentir el frio característico. La quita del cajón, es pequeña pero muy potente también; la saborea con sus dedos, le fascina su frialdad y su dulce objetivo, su cuerpo se une perfectamente a su mano en un abrazo fatal, no está vacía (nunca lo estuvo) y lleno está de vigor para utilizarla (siempre lo estuvo). La levanta a media altura y desnuda su silueta ante ambas miradas; brilla audazmente vistiéndose de luz de luna, enamora desafiando los ojos de cualquier ser que la viera, todos hubieran querido tomarla. Está decidido; alza el brazo, la sostiene firmemente… y Zas!!! Le da un gran y profundo trago a la dulce petaca de licor.

Tira la petaca a un lado, toma la pistola de su cintura y la descarga cinco veces sobre su amada.

Se mantiene tranquilo, ahora la ventana se agranda, se apoya sobre ella. La brisa se pierde en su cabello, lo hace bailar entre las cortinas. La calle está desierta allí abajo, allí tan lejos; pareciera la luna estar más cerca, pareciera testigo de su acto. La mira detenidamente y la piensa cómplice y culpable a la vez, la detesta por insistente, por orgullosa, por egocéntrica; pase lo que pase él no podrá quitarla de allí. Se le ocurre que él es el culpable de que la luna permanezca inmóvil, el le da la importancia que ella no merece; un amor transformado en odio de una mirada hacia otra. Decide alejarla tanto hasta desaparecerla. Luego de no pensarlo mucho entiende que existe un solo camino, un paso hacia adelante.

La brisa es ahora viento.


The unforgiven III (subtitulada)

lunes, 14 de marzo de 2011

Hoy (poema)


hoy te extraño
como algo que nunca perdí
extraño tanto buscarte
extraño nunca encontrarte

hoy te amo
como te amé tantas veces
amo y odio hacerlo
amo y no puedo contenerlo

hoy te quiero
como nunca pude quererte
quiero volver a perderte
quiero querer recordarte

hoy te pienso
como antes de empezar el juego
pienso y nunca dejé de pensarte
pienso y nunca aprendí a olvidarte

hoy deseo
como feliz pude desearte
deseo otra vez no poder llamarte
deseo otra vez tu boca distante

hoy recuerdo
como nunca pude tenerte
recuerdo tu voz inexistente
recuerdo tu cuerpo imaginable

hoy te extraño como antes
hoy te amo como eres
hoy te quiero como seas
hoy te pienso como quiero
hoy deseo que me encuentres
hoy recuerdo que no existes


There must be more to life than this (subtitulada)

Marea (poema)


Capitán de esta marea,
Siento el confuso viento
en este cielo, campeón de demoras.
Y en la espera que agita el alma,
los jinetes del desvelo
me pierden en la marea.

Capitán de esta marea,
de sueños como espuma.
Prefiero el azote del camino,
de arenas que golpean
y desnudan la verdad.
Aquella que no encuentro en la marea.

Marea que confunde mi inocencia,
que alimenta mi carencia.
Respira el enigma de mi andar,
aguardando mi tropiezo;
sabiendo que la realidad
es el engaño perfecto.

Capitán de esta marea.
Busco ser parte de este suelo,
ser quien soy, quien hace lo que siento,
siento fuego al ver tus ojos en mi cielo.
Oasis en el centro de mi pena,
Luz en la niebla que me rodea,
Me resguarda de mi propia tormenta.
Tormenta, que me acerca a la marea


Under pressure (subtitulada)

Tineblas cotidianas (cuento)


Despertó de la siesta mucho después de lo esperado, la vieja casilla despedía las últimas gotas de un tímido sol de agosto. No había tiempo para sentarse; mordió algo, calzó gorro y guantes y partió hacia la rutina. Detestaba su trabajo, se pasaba las noches soñando con mañanas vestidas de oficio y vocaciones que lo habían abandonado desde hacía tiempo. Solo el amor por sus hijas lo ayudaba a continuar hora tras hora.
La tarde gris oscurecía poco a poco para conseguir la noche. Las casas se alzaban como olas de adoquines; se encerraban en sí mismas, como ofendidas ante una ciudad desobediente. Los arboles lloraban reclamando el abrazo primaveral, la luna era devorada por insistentes nubes. El paisaje no ofrecía garantías, solo algunos pocos enfrentaban (aunque con profunda cautela) la peligrosa mirada nocturna. Él era uno de ellos, de los más valientes (de los que son valientes por distraídos), caminaba sin pensar en algo fijo, sin buscarle un sentido a nada. Una molestísima llovizna golpeaba su rostro, arrojada por quien sabe quien, tal vez el mismo que soplaba aquella ventisca y hacia callar al silencio.

Al cruzar la calle y doblar en la esquina advirtió un largo tramo en sombras, esa tan conocida tiniebla suburbana, esa que tantos esquivamos. Siguió como era de esperar su camino hasta percibir una terrorífica señal, un llamado del peligro; entre aquellas dos veredas iluminadas solamente por la luna, una figura cambió de lugar y se dejó ver una silueta agazapada. Acababa de notar una sombra entre las sombras.
Lentificó su paso, respiró hondo; diagramó un escape, respiró más hondo aún; la sombra seguía inmóvil. Calmaba su mente con pensamientos serenos, pero temblaban sus huesos y transpiraba ansiedad; ya no podía dar marcha atrás, esta sombra había de notar su presencia. Un solo pensamiento alentó su alarmado ser: ahora él era otra sombra, estaban de igual a igual; dos figuras desconocidas enfrentadas en el más asqueroso escenario que nos presentan estos tiempos: la ciudad.

Continuó lo más lenta y rápidamente posible, podía esperar cualquier reacción de aquella silueta. De nada le servía titubear, la cercanía aumentaba y el miedo observaba tranquilo la situación. El viento se detuvo y el cruce se dio; las miradas, la resignación, la pausa, la necesidad, el destino, el temor y el frio metal susurrando al oído una orden conocida. Otra vez la impotencia del indefenso, ese que gasta su cuerpo por solo seguir subsistiendo. Allí ha quedado varado, en medio de la funesta calle, resignado de cualquier consuelo justiciero.

Aquella noche luego del trabajo, volvió a casa imitando una especie de sonrisa al cruzar la puerta. Ella lo esperaba con el agua justa y el mate listo, él dejó su abrigo sobre la silla, ella tomó el mantel para cubrir la mesa, él recordó cuanto extrañaba verla, ella beso sus labios como de costumbre, él soltó sobre el antiguo mueble esos cuantos pesos de aquella temible sombra.


El sueño en el espejo (poema)


Busca tu tono dentro del gris
y en el arco iris, desnuda a la lluvia,
que empaña el sueño
y piensas que tanto brilla.

Si la realidad es sombra,
significa luz tras la ilusión.
Y aquello que tanto lamentas
solo nace de aquello que tanto anhelas

La ilusión, las alas de la razón,
y el segundo a segundo, la clave.
Busca dentro, el tamaño de tus problemas
lo decide tu cabeza,
y el color de tus heridas
lo dibuja tu piel.

Oyes el viento?
Pues siéntelo, hazlo tuyo.
Imagina el horizonte
luego podrás verlo,
perder será una opción
más nunca temer.

Pensar el tiempo es perderlo,
la densa bruma allí estará.
Entonces solo quedará seguir jugando,
abrazado a la sonrisa
y una lágrima que recuerda el alma.

Little wing (subtitulada)

Volaremos (cuento)


Se acuesta, se vuelve a levantar. Otra vez la melodía que cae y se transforma en sangre, se vuelve a levantar. Mira el cielo, busca algo conocido, no hay cielo. Camina, se sienta; piensa en lo ocurrido, piensa en todo (en nada), no entiende. ¿Sabes acaso de qué color son aquellas montañas? ¿Cómo lo sabes si jamás las has visto? ¿Por qué entonces imaginas colores de tonos inexistentes? Debes retomar tu camino; la voz era demasiado conocida.
Ya no resiste, sale afuera, debe volar; el sendero rebosa de espinas y está descalzo. Busca otra manera, aquí está, es ficticia. Viene y va, pero ya no piensa, simula pensar. Ahora toma el timón, la tormenta es feroz pero tiene un gran presentimiento; una ola avasalladora, nada lo detiene. Ahora cae de espaldas al mar; el agua está helada pero tiene un gran presentimiento. Ya no hay tiempo para vivir, toma la lanza y el escudo, allí va, nada lo detiene. Los caballos se estrellan, los jinetes caen, no hay sangre (esto le quita fuerzas); pero no vacila, carga su escopeta y defiende su batallón. Dispara varias veces estorbando los gritos de horror, se sube a su avión, no puede volar, se acuesta. ¿Por qué molestas a tu aprendizaje? ¿Por qué luchas con tu experiencia? ¿Eres digno de tu conciencia? La voz se vuelve melodía, las notas lastiman. Puede notar la sangre.
Ahora entiende, se asoma por la ventana pero nada logra ver. Está demasiado oscuro, enciende una vela; la ventana es un espejo, su rostro no es el mismo; la luz se apaga, la vela no.

Sigue discutiendo (pero ahora no está solo), ¿Por qué el alma busca el alma? ¿Por qué entiendes quien eres cuando dejas de serlo? ¿Cerraste allí los ojos por única vez o fue el momento en que lograste ver? Suplica cambiar, él nunca ha sido él, solo fue el resto de todas las miradas. Comienza a saltar, empuja las paredes; el sueño no le alcanza, se levanta. Está cansado, piensa de nuevo, detiene su mente; el viento sopla, produce melodía, y ahora baila como nunca. Las notas son caricias, la música es su amor (es más que eso), se deja llevar; no siente el suelo, no ve, no escucha. Puede volar, puede salir, ya no necesita permanecer allí; la voz le grita, trata de detenerlo, demasiado tarde, no me escucha. ¿Acaso puedes imaginar la realidad? ¿Acaso debes hacerlo? ¿Será la simpleza en la felicidad el mayor obstáculo?

De nada sirven mis consejos, pronto me llevará a conocer la vida. Ya no existen blancas paredes, no vive amarrado, no existen puertas de hierro; ahora vuela por siempre. Se vuelve a acostar.


viernes, 11 de marzo de 2011

Too much love will kill you (subtitulada)

Poesia en si (poema)


Tu eterna voz, tu figura latente,
esa imagen encontrándome,
desplegando en segundos
este intento de escrito.

Sin preguntarme
arranco el papel,
despunto mi deseo
iluminando tu ausencia.

Ilusorio bienestar
dibujar en letras
aquello perdido.

La nota confiesa:
"aquí sigues siendo mía"


Oportunidad (cuento)


Caminábamos muy lentamente. Hacia varios minutos que nos habíamos sumergido en un acuerdo silencioso, el ambiente no era propicio para ningún tipo de desorden sensorial. Con el correr de los pasos mi mente se iba turbando más y más, un ligero sentimiento terrorífico deambulaba en mi conciencia, nunca hubiera creído (nunca hubiera imaginado) un panorama tal.
Una hermosa pero tenebrosa alfombra envolvía nuestros pasos; era como caminar sobre una playa de arena perfecta, sentía un gran deseo por probar en ella mis pies desnudos, algo completamente imposible, ya que la seriedad del asunto me obligaba a permanecer bajo una conducta pasiva y atenta.
Las imágenes relucían a ambos lados, imágenes incomprensibles al ojo vulgar, cada una de ellas ameritaba una reflexión minuciosa, pero no nos detuvimos bajo ninguna circunstancia. Un Cristo con arco y flecha apuntando hacia abajo, una especie rara de ave con una absurda máscara, un niño con una lanza y un libro, eran algunas de las representaciones que llamaban mi atención. Aquello era una especie de iglesia antigua, pero nada comparado a algo conocido; los asientos estaban formados en círculos de madera oscura y pretendían una suerte de ronda, las paredes rebosaban de escritos y signos, no había ventana alguna, y algo más llamativo aún, no había una sola cruz.
Proseguíamos a lento paso, cuando mi acompañante se dirigió hacia mí en voz baja, “¿todavía estás de acuerdo con tu pedido?, si deseas retractarte solo debes mencionarlo”, lo miré fijamente y no emití palabra alguna; estaba sorprendido, todavía incrédulo; imaginaba que ellos guardaban varios secretos, pero nada comparado con lo que mis ojos relataban.

Llegamos así a una abertura de forma triangular en un costado, entre dos nuevas imágenes; un viejo anciano suplicando a la izquierda y una mujer encinta y sonriente a la derecha. Mi compañero se detuvo frente a la entrada, levantó su brazo derecho como espada y tomó su antebrazo con la mano izquierda, formando una extraña señal y murmurando en una lengua inentendible. Nos adentramos en la nueva galería, esta era más tenebrosa todavía, sus muros eran bajos por demás, y las imágenes más pequeñas y a la vez más singulares.
Mis pensamientos volaban a millas por segundo; por un lado me sentía un privilegiado al conocer aquello que tantos piensan inexistente, por otro lado mi ansiedad aumentaba desproporcionadamente, tanto que a momentos me hacia tambalear. Después de algunos minutos enfrentamos una nueva puerta, esta vez circular; dos extravagantes demonios a sus costados, señalaban a todo aquel que ante ella se presentase.

Una vez dentro, inspeccioné con gran estupor el pequeño y oscuro cuarto. Las paredes maltratadas, imágenes terroríficas, dos grandes baúles, un anciano de túnica negra (o azul oscuro), una atípica alfombra circular con un escrito y un ovalo en la pared frontal a la puerta, una especie de espejo vacio, rodeado de extrañas formas. No podía calcular la antigüedad de la sala, no lograba calcular mi asombro, aquella promesa era real.
El anciano me clavó la mirada seriamente, como desafiándome; luego comenzó a orar en voz alta y finalmente se dirigió hacia a mí como preguntándome algo. Cuando acabó de hablar mi acompañante tradujo su dicho, “Las almas cansadas imploran sumergirse en nuevos mares, buscan la novena gloria en la antigua legión. Oh Serafiel, ser ardiente, humildemente rogamos por tu amor y tú piedad”. En ese instante un haz de luz cruzó la sala desde el ovalo en la pared y se detuvo tras mis hombros, sentí una increíble fuerza enérgica, una presencia divina.

No podía voltear, apenas lograba respirar, pero anhelaba contemplar aquel milagro. Solo gire un instante; logre notar una altísima figura iluminada, varias alas, dos de ella cubrían su rostro. ¿Acaso esto era real, o tal vez un extensísimo sueño?, lo increíble se presentaba ante mis ojos y mi pensamiento se tornaba historia.
Miré a mi acompañante, fijó sus ojos en los míos y prudentemente alegó: “Si piensas que tu decisión no es acertada, este es el momento para retirarse. Luego ya nunca podrás volver atrás, ¿deseas realmente comenzar todo de nuevo?, ¿Deseas cambiar tu lastimoso tiempo por una vida virgen y libre de penas?, ¿Tendrás valor para enfrentar el deseo de miles?, ¿borraras acaso tus enfermizos recuerdos para dibujar en tu ser un nuevo camino?; entonces no lo dudes, y cruza el portal de los antiguos serafines.
Allí estaba frente a mí, una nueva oportunidad, esa que tanto pedí, por esa que tanto lloré. Ahora era solo cuestión de cruzar un ovalo. Tantos sufrimientos, tantas caídas, tanto dolor, todo se borraría. Una lágrima cruzó mi rostro, en ese momento comprendí.

No quería deshacerme del sufrimiento, de él estoy hecho; no quería olvidar mis caídas, ellas me enseñaron a caminar; no necesitaba borrar el dolor, solo él me acompañó cuando nadie hubo; no quería secar mis lagrimas sin motivo alguno, no deseaba olvidar. Si mi vida era un recuerdo, olvidar era morir.
Miré a mi acompañante, le hice una seña y el sonrió, luego sentí que algo me alzaba por la espalda. Desperté en un camino cercano a mi pueblo. Me invadía una extraña y placentera sensación, supuse que se trataba del feliz sabor, del aroma primaveral, de esta nueva oportunidad.


Bohemian Rhapsody (subtitulada)







Nunca ser tu (poema)


Desde los llanos descalzos hasta la cima del ensueño
atravesando el aire más espeso
persiguiendo tormentas,
un sol de otoño,
una luna de piedra.

Aquí torturo mi respuesta y me desangro en tu acertijo
escupo en la copa para seguir bebiendo
deseando deseos, un después eterno.

Luchando con las lágrimas
reclaman vida y se las concedo a cambio
de que me describan su alegre soledad
y escuchen mi triste poesía.

Las metáforas no entienden
que no quiera dibujarte,
y no quiera encontrarte sin perderte.

Busco tu sonrisa en mí,
para nunca ser tú
y por siempre ser ella.


La voz de la certeza (poema)


Ojeando el libro de mis vivencias
desordenando el tiempo,
entendiendo los miedos
ellos nunca comprenden,
solo observan la esperanza
disfrutando su agonizante y fugaz historia.

Y pienso pensar como ayer
desmesuradamente,
buscando piedras en arenas
en playas de fuego oculto,
belleza de aguas claras.

Las voces se multiplican
ordenan desbocadamente
pero una detiene el viento,
ella no comprende miedos
no sabe de fronteras
pide nuevas cicatrices
no piensa en copas rotas,
solo cree.

La voz asfixia mi inocencia
desnudando mi epitafio,
cargado mi escudo
forjando mí lanza
gobernando mi guerra.


Humanidad atrapada en la jungla (cuento)




Corrían despavoridos ante la inferioridad numérica, se agrupaban y volvían a la carga, sumando a su paso, nuevos adeptos. Me conmovía la brutalidad, corriente de su naturaleza, de atacar sin sentido alguno de piedad. Mientras observaba este salvaje acontecimiento, me escabullía tras un pequeño arbusto para no llamar la atención de aquellos seres, temiendo una reacción negativa ante mi insólita presencia en aquella jungla. Jungla casi comparable con la antesala de un apocalipsis alguna vez imaginado.
Saltaban y agitaban sus brazos para demostrar su voracidad, iban y venían, chocaban tan bruscamente que mis huesos llegaban a sufrir el aterrador ruido seco de la furia. Al parecer luchaban por territorio, o tal vez por la dominación de las hembras. Estas hacia un costado producían terribles alaridos, apoyando supuse, a su manada.
Podía notar cómo se comunicaban y agredían en su vocablo particular. Tomaban cualquier elemento como herramienta de guerra, las ramas y rocas se transformaban en sables y balas. Este tinte humano me estremecía de los pies a la cabeza.

En medio de esta cruzada despiadada, un sonido grave se acercó y desgarró mi atención hacia el combate. A unos metros de mi persona, se estacionaba un autobús de línea y bajaban varios de ellos con uno muy robusto a la cabeza. Cruzando la calle, salieron varios más de la disco, con notables ánimos de riña. Fue entonces cuando comprendí que debía abandonar mi actuación de espectador y alejarme lo más rápido y sigilosamente posible, pues aquello tomaba un aroma más peligroso segundo a segundo.
Ya distante, caminaba mientras pensaba, preocupado y entristecido, un futuro cada vez más parecido al origen. Mi conciencia pedía a gritos la solución para rescatar los rastros de esta humanidad, atrapada en la jungla.


About Me

Mi foto
Andy.Q
Argentina
Ver todo mi perfil

Seguidores