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2011
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marzo
(22)
- Innuendo (subtitulada)
- 77 (cuento)
- My plague (subtitulada)
- Verdugo del sentir (poema)
- My fairy king (subtitulada)
- Detalle de noche (cuento)
- The unforgiven III (subtitulada)
- Hoy (poema)
- There must be more to life than this (subtitulada)
- Marea (poema)
- Under pressure (subtitulada)
- Tineblas cotidianas (cuento)
- El sueño en el espejo (poema)
- Little wing (subtitulada)
- Volaremos (cuento)
- Too much love will kill you (subtitulada)
- Poesia en si (poema)
- Oportunidad (cuento)
- Bohemian Rhapsody (subtitulada)
- Nunca ser tu (poema)
- La voz de la certeza (poema)
- Humanidad atrapada en la jungla (cuento)
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marzo
(22)
Innuendo (subtitulada)
77 (cuento)

Ya dejó de gritar; agradezco eso, sus gritos llegaban a dolerme. Ahora lo puedo ver resignado, obediente, quietísimo; ya no revolea las piernas, acepta el castigo con serenidad.
Puedo notar la sangre en la pared, la pared despintada, el techo desbordado de telarañas. La casa da asco, al igual que el cuerpo de este inocente personaje; aunque no sé hasta qué punto será inocente, por algo lo castigan de tal manera.
El señor sigue, palazo tras palazo, y el cuerpo del culpable se abolla; sin embargo el señor le pega sin piedad, al parecer no se intimida ante el sufrimiento, al parecer está muy bien merecido tal azote. El cuerpo se vuelve morado y se confunde con el piso rojo y marrón, la ventana presenta un hermoso día, hermoso para aquellos que no transgredieron las reglas como este pobre muchacho. El sol alumbra la escena y le da un bello brillo a la sangre, por lo menos esto es apreciable; ya que tanto no puedo apreciar; como una hormiga en la montaña, así me siento.
Tres muchachos más puedo distinguir, sus ropas son harapos, sus pieles y sus barbas desprolijas denotan suciedad. Visten como aquel pobre muchacho, pero estos permanecen sentados; lloran (llorisquean), puedo escuchar sus lamentos, pero no percibo lagrimas. Sus manos permanecen escondidas tras sus delicados cuerpos; algo terrible los habrá condenado a tal furiosa condena, algo que no puede ser dicho ni comentado.
El señor se detiene; está encendiendo un cigarro. Ahora vuelve con la golpiza, no tiene fin este castigo, no lo tendrá. Algo me dice que no todo es correcto, podrá ser un acto congelado en la pupila de la historia, un dolor que provocará el desangre de su latente inocencia.
Ahora el señor me mira, no me mira, mira la pava hirviendo; ¿Quién soy yo para permanecer absuelto de tal martirio? ¿Acaso soy el causante de este mal? No lo creo, no siento rastros de culpabilidad.
Puedo verme en harapos, puedo notar la venda sobre mis ojos, puedo ver la impunidad arrancando los cabellos del tiempo, puedo ver la misma sangre en la pared recorrer la plaza, puedo ver los pañuelos como símbolo de aquellas almas arrebatadas, puedo ver a mi madre.
El señor pasa a mi lado sin prestarme atención, los chicos siguen llorando, los chicos seguirán llorando; ahora entiendo que sucede, ahora sé quién es ese pobre muchacho, ahora comprendo aquello que fui.
My plague (subtitulada)
Verdugo del sentir (poema)

My fairy king (subtitulada)
Detalle de noche (cuento)

Sus dedos trepan por las tibias piernas, rozan las dunas de la pollera conectándose con la seda violácea casi tan suave como era su piel. El dedo índice se detiene en la cintura desnuda, separando la blusa rojiza apenas perceptible en la penumbra del pequeño cuarto, carente de muebles ajenos al universo del deseo. La mano se funde en su cuerpo, ahí va la otra; sostiene su cintura como se sostiene a un dios, rasga su ropa interior asomada tímidamente bajo la pollera, cada vez más pequeña e impaciente por conocer el cómodo suelo de parqués. Recorre el borde en la cintura, degusta la ansiedad, convierte la sensibilidad en placer, la impaciencia en goce, acariciando el dolor. Las manos toman la prenda, amenaza con quitarla del camino, se detiene; toma sus pies desde la punta, sube lentamente ambas manos, recorre los tobillos sin dejar espacio libre de tacto; llegando a sus rodillas separa de a poco sus piernas, disminuyendo aun más la figura irreconocible de la pollera. Las manos caminan el interior de sus piernas, avanzan desapareciendo bajo la seda, los dedos chocan entre sí; no tocan, rozan, se pierden, juegan.
Volvió a tener amor como en aquellas épocas.
Ahora ella exhausta en la cama, entre dormida; él camina hacia el mueble. El primer no, el segundo tampoco, el tercer cajón; busca con toda la mano, corre cartas y frascos hasta sentir el frio característico. La quita del cajón, es pequeña pero muy potente también; la saborea con sus dedos, le fascina su frialdad y su dulce objetivo, su cuerpo se une perfectamente a su mano en un abrazo fatal, no está vacía (nunca lo estuvo) y lleno está de vigor para utilizarla (siempre lo estuvo). La levanta a media altura y desnuda su silueta ante ambas miradas; brilla audazmente vistiéndose de luz de luna, enamora desafiando los ojos de cualquier ser que la viera, todos hubieran querido tomarla. Está decidido; alza el brazo, la sostiene firmemente… y Zas!!! Le da un gran y profundo trago a la dulce petaca de licor.
Tira la petaca a un lado, toma la pistola de su cintura y la descarga cinco veces sobre su amada.
Se mantiene tranquilo, ahora la ventana se agranda, se apoya sobre ella. La brisa se pierde en su cabello, lo hace bailar entre las cortinas. La calle está desierta allí abajo, allí tan lejos; pareciera la luna estar más cerca, pareciera testigo de su acto. La mira detenidamente y la piensa cómplice y culpable a la vez, la detesta por insistente, por orgullosa, por egocéntrica; pase lo que pase él no podrá quitarla de allí. Se le ocurre que él es el culpable de que la luna permanezca inmóvil, el le da la importancia que ella no merece; un amor transformado en odio de una mirada hacia otra. Decide alejarla tanto hasta desaparecerla. Luego de no pensarlo mucho entiende que existe un solo camino, un paso hacia adelante.
La brisa es ahora viento.
The unforgiven III (subtitulada)
Hoy (poema)

Marea (poema)

Under pressure (subtitulada)
Tineblas cotidianas (cuento)

El sueño en el espejo (poema)

Little wing (subtitulada)
Volaremos (cuento)

Too much love will kill you (subtitulada)
Poesia en si (poema)

Oportunidad (cuento)

Mis pensamientos volaban a millas por segundo; por un lado me sentía un privilegiado al conocer aquello que tantos piensan inexistente, por otro lado mi ansiedad aumentaba desproporcionadamente, tanto que a momentos me hacia tambalear. Después de algunos minutos enfrentamos una nueva puerta, esta vez circular; dos extravagantes demonios a sus costados, señalaban a todo aquel que ante ella se presentase.
Una vez dentro, inspeccioné con gran estupor el pequeño y oscuro cuarto. Las paredes maltratadas, imágenes terroríficas, dos grandes baúles, un anciano de túnica negra (o azul oscuro), una atípica alfombra circular con un escrito y un ovalo en la pared frontal a la puerta, una especie de espejo vacio, rodeado de extrañas formas. No podía calcular la antigüedad de la sala, no lograba calcular mi asombro, aquella promesa era real.
No quería deshacerme del sufrimiento, de él estoy hecho; no quería olvidar mis caídas, ellas me enseñaron a caminar; no necesitaba borrar el dolor, solo él me acompañó cuando nadie hubo; no quería secar mis lagrimas sin motivo alguno, no deseaba olvidar. Si mi vida era un recuerdo, olvidar era morir.
Bohemian Rhapsody (subtitulada)
Nunca ser tu (poema)

atravesando el aire más espeso
persiguiendo tormentas,
un sol de otoño,
una luna de piedra.
Aquí torturo mi respuesta y me desangro en tu acertijo
escupo en la copa para seguir bebiendo
deseando deseos, un después eterno.
y escuchen mi triste poesía.
que no quiera dibujarte,
y no quiera encontrarte sin perderte.
Busco tu sonrisa en mí,
La voz de la certeza (poema)

Humanidad atrapada en la jungla (cuento)

En medio de esta cruzada despiadada, un sonido grave se acercó y desgarró mi atención hacia el combate. A unos metros de mi persona, se estacionaba un autobús de línea y bajaban varios de ellos con uno muy robusto a la cabeza. Cruzando la calle, salieron varios más de la disco, con notables ánimos de riña. Fue entonces cuando comprendí que debía abandonar mi actuación de espectador y alejarme lo más rápido y sigilosamente posible, pues aquello tomaba un aroma más peligroso segundo a segundo.