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viernes, 11 de marzo de 2011
Humanidad atrapada en la jungla (cuento)

Corrían despavoridos ante la inferioridad numérica, se agrupaban y volvían a la carga, sumando a su paso, nuevos adeptos. Me conmovía la brutalidad, corriente de su naturaleza, de atacar sin sentido alguno de piedad. Mientras observaba este salvaje acontecimiento, me escabullía tras un pequeño arbusto para no llamar la atención de aquellos seres, temiendo una reacción negativa ante mi insólita presencia en aquella jungla. Jungla casi comparable con la antesala de un apocalipsis alguna vez imaginado.
Saltaban y agitaban sus brazos para demostrar su voracidad, iban y venían, chocaban tan bruscamente que mis huesos llegaban a sufrir el aterrador ruido seco de la furia. Al parecer luchaban por territorio, o tal vez por la dominación de las hembras. Estas hacia un costado producían terribles alaridos, apoyando supuse, a su manada.
Podía notar cómo se comunicaban y agredían en su vocablo particular. Tomaban cualquier elemento como herramienta de guerra, las ramas y rocas se transformaban en sables y balas. Este tinte humano me estremecía de los pies a la cabeza.
En medio de esta cruzada despiadada, un sonido grave se acercó y desgarró mi atención hacia el combate. A unos metros de mi persona, se estacionaba un autobús de línea y bajaban varios de ellos con uno muy robusto a la cabeza. Cruzando la calle, salieron varios más de la disco, con notables ánimos de riña. Fue entonces cuando comprendí que debía abandonar mi actuación de espectador y alejarme lo más rápido y sigilosamente posible, pues aquello tomaba un aroma más peligroso segundo a segundo.
Ya distante, caminaba mientras pensaba, preocupado y entristecido, un futuro cada vez más parecido al origen. Mi conciencia pedía a gritos la solución para rescatar los rastros de esta humanidad, atrapada en la jungla.
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